domingo, 14 de septiembre de 2008

Pescaderos en la Vela

Luego de colocar los pescados en el peso, el vendedor lo sostuvo en alto para mostrarle la lectura. Ahora ha comenzado a limpiar las escamas. La chica aprovecha el momento para comentar cuanto le gustaría preparar alguna vez el pescado envuelto en hoja de plátano.








–Me imagino que debe quedar riquísimo.

El señor que lee el periódico a un lado del puesto de venta sonríe. –la imaginación es maravillosa – comenta.

–¿Por qué?
–Te lo imaginas riquísimo, porque te lo estás imaginando así. Mi negra, tú te lo imaginas como tú quieras – añade con una sonrisa.

La afirmación buscaba más el galanteo de aquel vendedor que quiere encantar a sus clientas, que filosofar. De inmediato se encienden las reacciones en los otros vendedores, que comienzan a bromear a costa del galán-filósofo atrevido.

–No le hagan caso – dice otro galán. –Ustedes saben que el ser humano desarrolla la capacidad de su mente hasta un 15%, ¿cierto? – Todos asienten expectantes – Bueno, tú tienes esa mente virguita, estás nuevecito pues – afirma entre las risas de compradores y vendedores.

La chica pregunta al vendedor que limpia el pescado y al bromista cómo reconocer la frescura, más allá del “examen del ojo”. Le explican que debe observar el color y el estado de las branquias y el vientre.

La limpieza de las vísceras vuelve a ocupar el centro de la atención. Un nuevo participante se preocupa por el fotógrafo.



–¿No estás grabando nada malo ahí?
–Esto es pura foto, amigo. Es un registro cultural – contesta el fotógrafo.

Mientras tanto los galanes han continuado sus bromas.

– Yo soy el más viejo aquí – dice el filósofo.
– Eso no es verdad. El más viejo es él – dice su rival refiriéndose al señor que está terminando de limpiar el pescado. Y agrega
–Ustedes saben que el arco iris es de colores, ¿cierto?. Pues él lo conoció en blanco y negro.

El chiste es viejo pero efectivo. Todos ríen.




La chica camina de regreso el boulevard playero de la Vela de Coro. A su lado van quedando atrás los kioscos que ofrecerán comida a los bañistas hacia las horas del mediodía. Ella vive frente al mar, así que rara vez come en los kioscos.


Cuando pasa al lado de la plaza La Antillana recapacita en su sensación de que, en contraste con el estilo del lado oriental de la costa, la comida del occidente no recogió tanto de los sabores traídos por los comerciantes de antaño. Algo que ella, con sangre oriental corriendo por sus venas, echa de menos.




Hoy preparará los pescados, cinco parguitos bien elegantes, al regreso de la playa.

La receta, muy simple. Un relleno de perejil y cilantro abundantes, cebolla picada fina, jugo de limón, ají dulce y ralladura de jengibre. Todas las cantidades, al gusto. Se envolverán en papel de aluminio y se llevarán a la parrilla.

Los acompañará con papas fritas, vino blanco y una buena charla.

4 comentarios:

Edjuly dijo...

Murdito, la verdad es que esos días fueron espectaculares. Hemos estado trabajando en mejorar la receta. El relleno: sólo ají (mucho ají) y ruedas de naranja. El envoltorio: las soñadas hojas de plátano con el inevitable papel de aluminio. Resultado: el paraíso...

José Antonio dijo...

Interesante, yo siempre olvido hacer mención al ají en la receta y ahora ustedes lo elevan a protagonista casi único. Las ruedas de naranja, magnificas invitadas. El aroma de la hoja de plátano, imprescindible. Lo reproduciremos cuanto antes.

Eso sí, hay que eliminar totalmente el aluminio. Es personal.

Edjuly dijo...

Ah! y se me olvidó comentarte que además tuvimos la oportunidad de probar este relleno paradisíaco en un pargo de 3,5 kg y en un róbalo de 2 kg. Te acuerdas que mencioné que me habían comentado que el róbalo sabía a camarones? TOTALMENTE CIERTO!

Edjuly dijo...

Por cierto, las fotos del ratico con los señores del pescado en La Vela no se copiaron snif!!!!!