sábado, 9 de febrero de 2008

Buscando a Adriano

He hurgado en las pequeñas bibliotecas de esta pequeña casa, pero el libro se ha ocultado con éxito. Me he sentado a pensar dónde puede estar, pero nada. No lo recuerdo. En un último acto de desesperación, he preguntado por él al guerrero de terracota que cuida la biblioteca. Me ha respondido con un silencio de piedra. Temo que Adriano se lo haya llevado consigo.

Comenzaban los años ochenta, yo tenía 11 años y estudiaba lo que en Venezuela llamábamos el bachillerato. En ese entonces disfruté junto a mis compañeros de las clases de un profesor de castellano y literatura poco convencional. Nos hizo leer Siddartha, de Hermann Hesse, mientras los padres más reaccionarios lo permitieron. Nos hizo leer también Las Hogueras más altas, de Adriano González León, ningún padre lo impidió.

Si había gente muy conservadora entre nuestros padres, han debido preocuparse más por este segundo libro que por el primero. A mi corta adolescencia, los cuentos de Las hogueras más altas representaban un reto inmenso, que difícilmente alcanzaba a encarar. Y que causaba una frustración constante.

Recuerdo que eran historias de la Venezuela rural, cargados de drama y fatalidad. Pero también estaba la técnica, la combinación de la metáfora y la superposición de planos temporales. Yo tenía 11 años.

En aquel entonces existía la "Televisora Nacional, canal 5", con una programación cultural repleta de producción propia y que era un autentico lujo. Gente como Alfredo Escalante, Arturo Uslar Pietri, Nabor Zambrano o Rodolfo Izaguirre condujeron excelentes programas allí.

Totalmente adrede no he mencionado a Adriano González entre ellos, pero lo estaba. Su programa se llamaba Contratema y comencé a verlo para conocer más de aquel tipo que me amargaba las tardes de tarea con esa creación tan difícil de digerir. Debo agregar que al principio no podía seguir el hilo de su programa. Y no me extrañaba. Comenzaba mi relación de odio-admiración con el genio.

Los años han pasado y nunca leí el libro más famoso de Adriano González, País Portátil, aunque siempre he querido hacerlo. Las hogueras más altas fue un libro premiado, pero eso no importa mucho en mi historia. Lo importante es que aquellos primeros momentos de frustración abonaron mis momentos de goce actual a expensas de la lectura. Él ha sido uno de los creadores fundamentales en mi maleta de cosas leídas. Estoy seguro de que mi caso no es único.

Los años han pasado y la vida me ha llevado a ser profesor en la Universidad Central de Venezuela. Adriano ha sido profesor allí. Debo mencionar que esto siempre me ha hecho sentir un orgullo un poco tonto, pero orgullo al fin.

Adriano González León ha fallecido el 12 de enero de 2008. En un país que trata tan mal a sus intelectuales, la tragedia puede ser doble. Con él puede morir también su obra.

3 comentarios:

Alexandra dijo...

tengo el pais portatil, si quieres te lo presto. Y si este pais trata muy mal a sus intelectuales, no en vano la mayoría se va pal coño!

José Antonio López Rodríguez dijo...

Alexandra: Gracias. Lo buscaré pronto.

Susy Martínez Ducreaux dijo...

Yo veia Contratema por puro gusto, me gustaba mas que Nabor Zambrano. Luego leí País Portatil y me enamoré. Eran los 80.