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miércoles, 25 de agosto de 2010

La sopaipilla cuadrada

Desde hace tiempo llevo conociendo detalles encantadores de la cocina chilena. El pastel de choclo y las sopaipillas figuran como mis favoritos. Contando los que puedo probar con regularidad en estas tierras, claro está.

Además, las sopaipillas son fáciles de hacer. Se cocina auyama hasta que esté blanda. Se hace un puré. Se agrega un poco de sal y matequilla. Se usa el puré como elemento líquido para amasar suficiente cantidad de harina leudante. Se aplana, se pincha y se fríe.

Yo le he puesto bicarbonato a la masa y el resultado ha sido explosivo.

Como no soy muy detallista, las he hecho cuadradas (rectangulares), o más bien irregulares. Y como no me gustan las cosas masuas, las he hecho delgadas, muuuy delgadas.

Así se ve mi interpretación:





sábado, 23 de enero de 2010

La empanada perfecta

Hace ya bastante tiempo queríamos escribir algo sobre las empanadas. La idea, muy simple. Los elementos de una empanada perfecta.

La cosa siempre se torna complicada. Una lista de atributos de la perfección debe ser, a su vez, perfecta. Así estamos jodidos. No se escribe más nada, más nunca.

Si bien, podemos relajar la idea de perfección del trabajo titulando "condiciones necesarias para una empanada perfecta", la lista y el trabajo tras ella seguirá siendo enorme. Además, pensamos que precisiones de ese tipo, aunque la hemos copiado del lenguaje lógico de los matemáticos, nos recuerdan demasiado al lenguaje de los juristas. Y, prejuicio del autor, cuando llegan los abogados; las cosas dejan de ser divertidas.

Así que seremos más relajados. Hablemos de la empanada perfecta de una forma imperfecta y poco exhaustiva. Destacamos tres aspectos básicos:
  1. La masa
  2. El relleno
  3. La temperatura
La masa de una empanada es el primer elemento a considerar. No importa de qué empanada estemos hablando. Para ser tal, debe estar rodeada de masa. En términos generales, la masa debe ser suave pero crocante. Por otro lado, una masa excelente debe ser como ese buen alcalde; que nadie en la ciudad lo recuerda a diario. Precisamente porque la cuidad marcha bien. La masa debe ser breve y no mezclarse con el relleno.

La paradoja de la masa, siendo prácticamente la responsable del producto, su presencia es un casi. Y sin embargo, la calidad de su preparación tiene un peso importante en el valor del producto terminado.

¿Qué vamos a decir del relleno?, obviamente tiene que ser de buena calidad. Consideramos además que los rellenos de humedad intermedia son preferibles a aquellos inaceptablemente secos o demasiado jugosos. El líquido chorreando por el brazo del comensal, o enchumbando la masa y arruinándola a cada mordida; no son elementos de una degustación placentera. Sabemos que no sólo se disfruta la comida con la lengua. También es importante poder comer, ya sea sentados o de pie, sin acabar con las servilletas limpias nuestras y de los vecinos y/o haciendo reverencias para no anegar nuestra ropa.

No debe sorprender que asignemos un rol importante a la temperatura. Una empanada recién salida del horno o la sartén es el peor castigo que se le hace a un hambriento comensal, que desde entonces pasa a convertirse en paciente, esperando dar un mordisco que no ponga en riesgo su integridad física.

O su integridad moral, como le ocurrió a aquel venezolano que luego de sufrir crueles quemaduras a manos de unas hirvientes empanadas chilenas; la emprendería contra ellas, destrozándolas con el servicio antes de comerlas. Los huéspedes, que miraban entre extrañados y divertidos; pensarían, las empanadas no se comen así.

sábado, 7 de noviembre de 2009

¿Q.S.LL.M.Q?



Nunca ha querido excusarse. Fue un pequeño delito y siempre lo vio de esa manera. La oportunidad de probar aquel queso fuerte, que había madurado (eufemismo para pudrirse) en una cueva, no se daba todos los días. Y ya con el queso en mano, los días seguían pasando.

Entonces había tenido que hacerlo. Tras buscar los últimos souvenirs, jamón serrano y embutidos, guardados en la nevera; les siguió la huella aquel pedazo de queso que descansaba a un costado, un poco olvidado. Todos los fríos se irían a mezclar entre la ropa de la maleta, para protagonizar ese otro pequeño delito, el contrabando internacional de sabores y olores. Mejor dicho: el contrabando de placeres de un viaje.

Ya en casa, el queso descansaría otros días en una nevera diferente. Muchas dudas venían a su mente. Una vez roto el envoltorio plástico, que había salvado las pertenencias de la familia de aquel olor inefable, habría que darse a la tarea de consumirlo en un tiempo razonablemente corto. La abundancia de fuerza y sabor contra la escasez de bocas, podían hacer difícil la tarea.

Transcurrirían dos meses de espera y se atrevió seguir la idea de ella. Un frasco esterilizado, un aceite de oliva de buena calidad y el queso abandonaría la nevera para ocupar un lugar digno en la despensa de la cocina.



Desde entonces está allí. Cada vez menos, porque se acaba. El queso y el aceite aromatizado han hecho buena compañía de varios platos de pasta. Han pasado dos meses desde su salida "de la nevera" y el cabrales en aceite no hace sino mejorar.



El pequeño crimen había valido la pena. Él se había llevado el queso.

La receta, muy simple. Una variación de lo que se ve en la red:

70 g de queso cabrales
50 g de mantequilla
100 cc de nata o crema de leche

Sal y pimienta

Se junta todo en la sartén hasta formar una salsa homogénea. Cuando la pasta está lista se mezcla con la salsa en la sartén hasta que se integre bien.

Usando 250 g de fettuccini, se obtienen dos raciones generosas.

sábado, 23 de mayo de 2009

Mermelada de naranja amarga

Desde hace algún tiempo estaba aprendiendo a conservar la comida, recuperando algo de ese conocimiento sencillo, que perdemos en la especialización moderna.

Comenzó intentando con recetas saladas, cosas con aceite de oliva, vinagre y etc. Sólo después de un año se atrevió al dulce y acompañó a su madre haciendo su famosa jalea de mango.

Otro medio año más adelante descubrió aquel naranjo que nació solo en la granja y que nadie cortó, por ser muy bonito; y cuyas naranjas nadie comió, por ser muy amargas. Bueno, descubrió que esas naranjas servirían para hacer una mermelada digna.

Confió en buscar una receta en la red. Con un poco de suerte sabría separar la mejor de entre aquellas que se escriben para salir del paso. No hubo dudas, la receta de tejedora sería la elegida. Sólo merece ser agregado el detalle más importante para él, la preparación completa dura cinco días. ¿Habrá una forma más digna de tratar a una naranja?

El resultado fue sublime. Su color de caramelo, su untuosidad que le hace parecer miel y la textura de los tropezones de cáscara confitada han hecho que valga la pena esperar los cinco días de preparación.



Y no es tan amarga...

lunes, 18 de mayo de 2009

Un día perfecto


Después de no tener nada importante que decir-escribir en meses, he tenido un día perfecto. En realidad, un día casi perfecto.

Luego de manejar sin tráfico hasta la casa, encontramos un día soleado, pero con la humedad atmosférica del inicio de la temporada lluviosa. Los montes van verdeando y llenándose de los colores de esta primavera tropical. Las flores de abril en los bucares han cedido el lugar a los apamates acacias y araguaneyes.




En la casa los árboles de mango comienzan a cargar su cosecha, los dulces de injerto y los ácidos realengos, buenos para la jalea. El naranjo amargo muestra con orgullo sus frutos intocables.





En la comida hemos disfrutado del pan de corteza dura recién hecho, simplemente perfecto.

martes, 11 de noviembre de 2008

Horno de leña: pan y pizza con huevas de lisa


Hoy en día, un domingo sí y uno no, cocinan el pan en el horno de leña. Como se hacía antes.

El pan dura aproximadamente las dos semanas, porque lo congelan. Es que tampoco hay que hacerlo todo como
antes.

El día de la horneada ella prepara la masa del pan y él, la leña para hornear. La calentada del horno lleva aproximadamente una hora y hay que tomarla en cuenta en el tiempo de preparación de los panes. Así, con la leña pronta se escuchan los gritos que van y vienen del interior de la casa al horno.

-
¿Enciendo?
-No. Todavía no.

-
¿Enciendo?
-Sí. Enciende.

El fuego comienza a consumir la primera leña, palitos delgados que arden con gran velocidad.

-
Esa es la mejor leña, la que arde bien y calienta rápido las paredes.

Pero no hay suficiente leña delgada, así que al poco tiempo van entrando palos más gruesos. Lentamente, las llamas los rodean, los abrazan y la combustión comienza a avanzar sobre ellos, levantando las llamas.

Es tiempo de tomar una copa y leer el periódico. Adentro, los panes van cogiendo forma y descansando en la tabla que los transportará hasta la boca del horno.

De vez en cuando, la llama va cediendo y una pausa en la lectura sirve para introducir más leña. La temperatura va cambiando el color de los ladrillos que forman la bóveda del horno. La sucesión de colores avanza, cayendo desde el cenit. Primero, rojos; luego, negros y finalmente, blancos.

-Cuando el blanco llegue hasta abajo, el horno está listo.

Cuando el color de la bóveda es el adecuado, retira las brasas y barre el piso. Conoce bien su pequeño horno. Sabe que el calor del piso no quemará el pan, pero la radiación de las paredes sí lo hará. Al principio el pan no deberá estar descubierto.

Dentro de la casa, la masa ha crecido y está lista. Comienza el viaje.

Siempre hay alguna idea de última hora, algún plato más es horneado. Es que calentar el horno da mucho trabajo como para desaprovecharlo, haciendo nada más que el pan.

Por ser una idea de última hora, nunca queda como se esperaba.

-La próxima vez lo hacemos mejor.

Unas huevas de lisa, compradas en la carretera de un viaje anterior, dan la excusa para convertir algo de la masa de uno de esos domingos en una pizza. Así que mientras afuera se calienta el horno, adentro las huevas de lisa, el aceite de oliva, la salsa de tomate, la mozzarella, el orégano, las aceitunas negras, las chistorras, el tomate seco, el pimentón y la cebolla conspiran sobre la masa. Resultado, óptimo.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Pescaderos en la Vela

Luego de colocar los pescados en el peso, el vendedor lo sostuvo en alto para mostrarle la lectura. Ahora ha comenzado a limpiar las escamas. La chica aprovecha el momento para comentar cuanto le gustaría preparar alguna vez el pescado envuelto en hoja de plátano.








–Me imagino que debe quedar riquísimo.

El señor que lee el periódico a un lado del puesto de venta sonríe. –la imaginación es maravillosa – comenta.

–¿Por qué?
–Te lo imaginas riquísimo, porque te lo estás imaginando así. Mi negra, tú te lo imaginas como tú quieras – añade con una sonrisa.

La afirmación buscaba más el galanteo de aquel vendedor que quiere encantar a sus clientas, que filosofar. De inmediato se encienden las reacciones en los otros vendedores, que comienzan a bromear a costa del galán-filósofo atrevido.

–No le hagan caso – dice otro galán. –Ustedes saben que el ser humano desarrolla la capacidad de su mente hasta un 15%, ¿cierto? – Todos asienten expectantes – Bueno, tú tienes esa mente virguita, estás nuevecito pues – afirma entre las risas de compradores y vendedores.

La chica pregunta al vendedor que limpia el pescado y al bromista cómo reconocer la frescura, más allá del “examen del ojo”. Le explican que debe observar el color y el estado de las branquias y el vientre.

La limpieza de las vísceras vuelve a ocupar el centro de la atención. Un nuevo participante se preocupa por el fotógrafo.



–¿No estás grabando nada malo ahí?
–Esto es pura foto, amigo. Es un registro cultural – contesta el fotógrafo.

Mientras tanto los galanes han continuado sus bromas.

– Yo soy el más viejo aquí – dice el filósofo.
– Eso no es verdad. El más viejo es él – dice su rival refiriéndose al señor que está terminando de limpiar el pescado. Y agrega
–Ustedes saben que el arco iris es de colores, ¿cierto?. Pues él lo conoció en blanco y negro.

El chiste es viejo pero efectivo. Todos ríen.




La chica camina de regreso el boulevard playero de la Vela de Coro. A su lado van quedando atrás los kioscos que ofrecerán comida a los bañistas hacia las horas del mediodía. Ella vive frente al mar, así que rara vez come en los kioscos.


Cuando pasa al lado de la plaza La Antillana recapacita en su sensación de que, en contraste con el estilo del lado oriental de la costa, la comida del occidente no recogió tanto de los sabores traídos por los comerciantes de antaño. Algo que ella, con sangre oriental corriendo por sus venas, echa de menos.




Hoy preparará los pescados, cinco parguitos bien elegantes, al regreso de la playa.

La receta, muy simple. Un relleno de perejil y cilantro abundantes, cebolla picada fina, jugo de limón, ají dulce y ralladura de jengibre. Todas las cantidades, al gusto. Se envolverán en papel de aluminio y se llevarán a la parrilla.

Los acompañará con papas fritas, vino blanco y una buena charla.

domingo, 27 de enero de 2008

Arrollado de pollo frío

Desde hace algún tiempo he querido un sustituto saludable a los fiambres "sanos" de pechuga de pollo o pavo.

Un primer intento fue la pechuga de pollo hervida. Muy simple, hervía la pechuga con sal y algún vegetal al gusto. Una vez fría, la pechuga se filetea y listo, al sándwich.

Este sistema aporta beneficios tan incuestionables como la seguridad de que lo que hay en mi sándwich es pechuga de pollo ;-). Además queda el consomé. Todo es ganancia.

Sin embargo podíamos mejorar. Está el tema de los huesos, que dificultan el fileteado. Además el sabor del pollo hervido es inferior. No olvidemos que el resto del sabor se ha ido al consomé.

Si quiero todo el sabor y la comodidad están claras dos cosas. Uno, no usar pollo hervido. Dos, hay que deshuesar el pollo antes de cocinarlo. Así, llegamos a la propuesta del arrollado de pollo, servido frío.

La primera parte de la aventura fue conseguir un pollo entero. Luego vino la aventura de deshuesarlo. Esta es la historia de mi primer pollo deshuesado.

El pollo que conseguí viene con toda la piel del cuello intacta. Fue limpiado desde atrás. No lo fotografié, era imposible mantener la cámara limpia en esta parte de la operación.

Puse el pollo sobre su "espalda" y, como todos los demás blogueros recomiendan, corté debajo del cuello hasta llegar a la "espoleta", que yo prefiero llamar el hueso de la suerte. Una vez encontrado y medio raspado, lo pude tomar con mis dedos y arrancarlo. Me sentía como todo un depredador en esta parte, pero lo mejor vendría luego.

Siguiendo las instrucciones dí la vuelta al pollo y corté en el eje de la espalda. Fui separando la carne a ambos lados, pero no por mucho tiempo. Rápidamente llegué a las alas y los muslos.

En esta parte tuve que romper las articulaciones. Lo que serían los hombros e ingles del pollo. Así el cuchillo entró más fácilmente para cortar los tendones. Ese hueso equivalente al omoplato quedó sobre la caja torácica. Después de limpiarlo logré arrancarlo fácilmente.

Rompí las articulaciones de los codos y corté las alas. Para no destruir más la piel del animal saqué el húmero y el fémur empujándolos hacía el interior. Luego de cortar bien los tendones y descubrir la punta interna, fue fácil. Como los músculos sólo están unidos a estos huesos en los extremos, el hueso salía limpiamente de la carne. Cuando halé todo el hueso, corté los tendones en la punta y los retiré.

Seguí separando la carne de las costillas, inmediatamente pude retirar toda la caja torácica con el cuello hasta la cola. Supongo que esa era la razón de retirar el hueso de la suerte primero, qué afortunado fui.

Finalmente terminé de sacar los últimos huesos pegados a la pechuga. Estaba listo.

Lavé la pieza de pollo, limpié la grasa, distribuí la carne.

Sal, pimienta, tomillo, romero, orégano, zanahoria, célery y pimentón. Enrollé, amarré, cociné en un poco de aceite al fuego bajito por una hora y ahí está. Ya Roxi dio su visto bueno. Mañana será un desayuno diferente.


Luego de amarrar.


Los primeros 45 minutos, tapado a fuego lento. Luego de echarle un ojo lo devolví a la olla destapada.


El resultado final.

sábado, 19 de enero de 2008

Comenzando 2008 en crisis

De la vida ha entrado en crisis. Lleva varios meses en crisis, ahora es más que evidente. Se le ha hecho necesario pensarse a sí mismo (a través de su autor).

En días pasados escuchaba una frase atribuida al gran filosofo de la pelota Yogi Berra: Si te consigues una encrucijada en el camino, ¡tómala!

Una encrucijada, una crisis. Hace algunos años supe que la palabra crisis deriva del latín para cruce, encrucijada. No lo olvidé jamás.

En uno de los sentidos de nuestro hablar, crisis representa un momento difícil, en el que debemos reflexionar, tomar decisiones y cambiar el rumbo. La dificultad viene de la decisión. Y de la decisión en sí no nos preocupa la opción que elegiremos, sino las que dejaremos fuera. Las que abandonaremos.

La resolución de una crisis implica desprendimiento y responsabilidad ante él. A cualquiera se le pueden poner los pelos de punta con eso.

Agradezco al autor de la entrada sobre el señor Berra, en la wiki de habla inglesa, una aclaratoria importante sobre la frase de la encrucijada. Al parecer Yogi Berra estaba explicando como llegar a su casa. En el camino había un cruce irrelevante, pues escogiendo cualquier opción se llegaba de igual modo.

En esto es donde opino que este señor es un genio. Muchas otras personas habrían explicado que por la opción derecha es más corto, pero que la izquierda es más bonito. O qué sé yo. Él fue a lo esencial, si ves el cruce, ¡tómalo!

Pero no eludamos el cruce de "de la vida". Una pausa de casi un mes y ahora hemos escogido, tal vez, la opción correcta. Si es así, el próximo gran cruce estará lejos.

En esta búsqueda, "de la vida" será más universal, igualmente personal y menos privado. Tal vez termine siendo más parecido a muchos blogs que hay por ahí. Corremos el riesgo de que acabe siendo como los demás. Ha sido una decisión difícil.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Navidad 2007


Hola a tod@s.

Este diciembre, para variar he cambiado la nota grinch que me caracteriza. He impulsado la adquisición de un árbol y unos adornos navideños. El motivo debe ser la presencia de Isabel, que me ha ablandado el corazón ;-)

El punto es que compramos las luces y un lazo (tampoco hay que exagerar). El árbol lo donó su abuela paterna. La abuela de Isabel. Es su regalo de navidad. Es el pino de Isabel.

Con todo listo nos hemos tomado una foto los tres.



No hubo manera de que Isabel se quedara quieta para la foto de todos. Entonces la sentamos sola, antes de salir a cenar, y Roxy hizo el payaso un rato para ella. Así sí que nos regaló una sonrisa.

Un abrazo para tod@s.